martes, 21 de marzo de 2017

Relatos desde Regina VIII-B



Doña Pachita
Por Roxana

El día de tianguis de la colonia se ponía un puesto de tlacoyos y quesadillas donde mis hijos y yo solíamos almorzar. Casi siempre llegaba allí una viejecita completamente encorvada, vendiendo cepillos dentales que nunca vi que comprara nadie. La dueña del puesto, mujer generosa y sencilla, en cuanto la veía le regalaba un tlacoyito o una quesadilla, y le ofrecía asiento. En una ocasión aquella viejita hizo plática conmigo, ofreciéndome sus cepillos. 

-¿Son sus niños? -Pregunto. 

-Asentí con la cabeza.

-Cuando crezcan, cuiden a su mamá. Sobre todo cuando sea una ancianita como yo -les dijo con una desdentada sonrisa.

Reímos todos. Al reconocerla le pregunté:

-¿Ya no vende pepitas? –pues recordé que mi marido le compraba semillas de calabaza, que cargaba en una canasta ofreciéndolas en la avenida principal.

-No niña, ya no aguanto la canasta, ni los pies me dan para tanto –dijo lamentándose.

-¿Y vende bien sus cepillos?- pregunté.

-No, pero con algunos pesitos que saque aunque sea nomás los viernes, la voy pasando el resto de la semana. Además aquí no falta quien me da una frutita, una verdurita y hasta mi quesadilla con mi refresco, como aquí, Doña Mari que es tan buena. Fíjese que hasta el dueño de la vecindad desde que me quedé sola, no me cobra ni un peso de renta; Dios los ha de socorrer a los dos- contestó la mujer.

-Si, no cabe duda que hay gente buena- comente, pagando y despidiéndome de ambas mujeres.
Semanas después, regresamos al puesto, y platicando con Doña Mari le pregunté por la ancianita de los cepillos.

-Ya murió Doña Pachita, pobrecita, va a ser un mes- me informó.

-Ya estaba muy grande si quiera descansó. ¿Cómo su familia la dejaba trabajar y andar sola? ¿Qué no tenía hijos o algún nieto que la acompañara? ¿Por qué vivía sola?–pregunté.

-Vivía nomás con su hija, quien se dedicó a cuidarla. Ni siquiera se casó para no dejar sola a su mamá. Rentaban un cuartito en una vecindad, y la hija trabajaba en la maquila. Doña Pachita preparaba sus pepitas y salía a venderlas para ayudarla con los gastos. Así vivieron muchos años- contó Doña Mari sin dejar de echar las tortillas al comal.

-¿Entonces que pasó? –pregunté intrigada.

-Nada, la hija fue muy buena con ella, nunca la abandonó, pero se murió hace dos o tres años, ya no me acuerdo bien. ¿Quién iba a pensar que una mujer fuerte y sana se fuera antes que su anciana madre? Pero la vida tiene sus caprichos. Un día que venía de trabajar, unos maleantes asaltaron la micro en que viajaba y uno de los pasajeros sacó una pistola, y en la rebambaramba una bala perdida le quito la vida. Con el poco dinero que le dieron a Doña Pachita, pagó los gastos del funeral y fue estirando lo que le sobró hasta que se le acabó. Así que sobrevivió vendiendo pepitas, cepillos y al final, de la caridad de sus vecinos, quienes sabían que muy pronto madre e hija se reunirían en la muerte. Se cooperaron entre todos para darle cristiana sepultura y el gobierno les dio una fosa en el panteón. ¿Le pongo salsa verde o roja a su tlacoyo?- me preguntó la mujer.

-Verde- conteste. Vaya que esta vida tiene caminos escabrosos para algunos -comenté.

Tomado de la Sección Mujer de La Gaceta de Chicoloapan

Relatos desde Regina VIII



 El Ventanal
Por Roxana

Amanecía cuando me despertó el chirrido de la ventana al deslizarse sobre su carril. Yo me encontraba acostada de espaldas al ventanal. Un viento helado penetró a mi recámara. Escuché claramente que alguien o algo se aproximaba a mi cama. Sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal, tan fuerte que me inmovilizó. Me dio tanto miedo que me tapé con las cobijas y me hice bolita. 

Debo aclarar que el departamento donde yo vivía, estaba en el tercer piso y no tenía ningún tipo de terraza, balcón o barandal, sólo vidrio, de pared a pared y de piso a techo. No había manera de abrir por fuera ni de escalar hasta ahí. Sentí claramente el peso de un cuerpo recostarse sobre el colchón, muy pegado a mi, luego unas manos apoyándose en mi costado. Seguía sin poder moverme. Estaba aterrada. Percibí un intenso olor a tabaco y a alcohol. Tuve ganas de vomitar, de pedir ayuda a mi familia, pero consideré que sería inútil, pues a esa hora todos estarían durmiendo. De pronto sentí como el tipo, ente o lo que fuera se inclinó encima de mí y unos cabellos largos y mal olientes rosaron mi cara. Estaba a punto del colapso cuando alguien abrió la puerta de mi recámara. Era mi papá.

-¡Arriba flojonaza! Se te va a hacer tarde.

Cuando mi padre dijo esas palabras sentí como se quitaba el peso de mi cuerpo. Me enderecé y volteé hacia el ventanal. Estaba abierto. Mi padre siguió mi mirada y se extraño que estuviera abierto. Me preguntó cómo lo había abierto ya que, por seguridad, el mismo lo mandó soldar pues en algún tiempo de mi infancia yo había tenido episodios de sonambulismo.

-No lo sé- Yo no fui. Te lo aseguro. Ni tampoco sé cómo entró el sujeto que estaba aquí hace un rato -dije y me solté a llorar desconsoladamente.

-Eso ha de haber sido una pesadilla. Tranquila, chiquita, no pasa nada. Aquí estoy y te aseguro que nadie va a hacerte daño. Ya no te angusties. Mira, mientras te bañas y desayunas voy por el herrero para que la vuelva a soldar. Tú relájate. Ah, y no le digas nada a nadie. Ni a tu mamá ni a tu hermana porque son muy miedosas –dijo, más preocupado que yo.

-¿Tú sabes qué está pasando?- pregunté.

-No estoy seguro pero, según los vecinos, en este departamento exactamente en este cuarto vivía un hombre que se suicidó, aventándose por el ventanal, cuando la mujer le quitó a los hijos y lo abandonó -contó mi padre, acariciándose el bigote, pensativo.

Los siguientes dos meses que vivimos ahí no pude dormir, hasta que se vendió el departamento. Pedí asilo en el cuarto de mi hermana, pero el miedo era superior a mí. Sólo logré descansar cuando nos alejamos para siempre del edificio. 

Tomado de la Sección de Horror de LA GACETA DE CHICOLOAPAN

sábado, 11 de febrero de 2017

La Columna Incómoda

¿Unidad con quién y para qué?

Ahora resulta que los responsables de la quiebra del país se asumen como sus salvadores. Es cierto que millones de mexicanos nos sentimos indignados por los exabruptos del malandrín del copete color zanahoria (Trump); más aún, ese malestar se incrementó cuando el del otro copete (Peña) lo invitó a Los Pinos (el secretario de Hacienda tuvo que renunciar). Y ahora, cuando ciudadanos, organizaciones y distintos personajes deciden accionar para manifestar el rechazo social, los gobernantes y su séquito de aplaudidores, se montan en esa ola para impulsar “la unidad de todos los mexicanos”. En un intento de presentar a un presidente, a quien 9 de cada 10 ciudadanos no le cree, como el adalid de la defensa nacional. Que patético fue ver cómo recibió a un grupo de mexicanos deportados y ofrecerles un país de oportunidades de empleo y educación. Señor Peña: Si hubiera empleos bien remunerados en México los millones de migrantes no habrían dejado el país.

Más patético resulta que el presidente, sus secretarios, los diputados, senadores y los políticos convoquen a la unidad, dejando de lado cualquier tipo de bandera, mientras que, por otro lado, nos atizan incrementos desmedidos en gasolina, gas y electricidad y, en consecuencia, en la mayoría de los servicios y productos que todos utilizamos. Dicen que porque los precios han subido en todo el mundo, y que lo hacen por el bien de los mexicanos. Yo pregunto: si la referencia son los precios internacionales ¿Por qué los sueldos y salarios no se ajustan como los del resto del mundo? Si en Estados Unidos la hora laboral la pagan, en promedio, a 10 dólares, entonces en México la hora mínima tendría que pagarse en 200 pesos. Pero no. Aquí se pagan 10 miserables pesos por hora.

Ya los grandes empresarios se apuntaron, previas sus condiciones, para apoyar al presidente en la renegociación del tratado de libre comercio, argumentando que los momentos de crisis representan oportunidades. Es verdad, siempre a los grandes empresarios y a los políticos les ha ido muy bien. No así al resto de los mexicanos. Y si no echemos una ojeada rápida al sistema político priista de los últimos cuarenta años.

Cuando a mitad de los años 70 la economía del país empezó a tambalear, luego de las ocurrencias y despilfarros de un presidente que padecía incontinencia verbal (Echeverría), se nos informó que el peso debía de ser devaluado, para bien de todos los mexicanos. Vino al relevo un personaje histriónico y bonachón que llegó pidiendo perdón a los pobres del país por el abandonado en que se les había tenido desde tiempos inmemorables, pero que con su llegada todo iba a cambiar. López Portillo nos dijo que la “solución somos todos” y que nos preparáramos para administrar la abundancia, porque si algo iba a sobrar era dinero. Nos convertíamos en un país petrolero. Y fue cierto, los funcionarios y los políticos se dieron el ‘atascón’; se crearon nuevos ricos, la corrupción y el nepotismo se fue a las nubes. El despilfarro fue de tal magnitud que al terminar el sexenio prácticamente declararon al país en bancarrota; el peso se hundió, el histrión presidente nacionalizó la banca vociferando: “¡Ya nos saquearon! ¡No nos volverán a saquear!”. Diputados y senadores aplaudieron de pie el “acto patriótico”. Los medios y los corifeos del régimen convocaron a una gran manifestación de unidad nacional para apoyar las acciones del adalid defensor de los pobres, a quien la gente le puso el apodo de “El Perro”, porque prometió defender el peso como tal.

En 1982 el nuevo mandamás (Miguel de Lamadrid) nos informó que venían momentos difíciles para el país, que no habría dinero, que había que apretarse el cinturón, pero aunque la medicina era fuerte, se hacía por el bien de los mexicanos. Los salarios de los trabajadores se ajustaron, la inflación llegó a 180%. El descontento social fue creciendo y el sistema priista optó por cancelar el desfile obrero que se realizaba cada 1 de mayo, pues se convirtió en manifestación de protesta contra el presidente y el sistema político. Los sismos de 1985 catalizaron el descontento, pues permitió a los ciudadanos conocer su fuerza colectiva, las acciones de la sociedad civil rebasaron el anquilosado sistema y su gobierno. La palabra solidaridad se hizo realidad en las calles. Ese movimiento social de inconformidad hizo eclosión en 1988m en la forma de una contienda política y electoral cuya cabeza fue un personaje que, en su nombre y apellido, integraba dos símbolos representativos para los mexicanos: Cuauhtémoc Cárdenas. El movimiento hizo cimbrar los cimientos del sistema político priista, que ese 6 de julio “se cayó el sistema”. El aparato del Estado nunca mostró el verdadero resultado de esa elección.

Se impuso a un personaje que llegó a ser casi un rey y terminó exiliado en Dublín (Carlos Salinas). Desde antes, Salinas impulso una serie de pactos entre los grandes empresarios y los líderes sindicales afines al sistema, para reorganizar la economía y repartirse el pastel. Se privatizó la banca, los diputados y senadores aplaudieron de pie esta acción pues se realizaba por el bien de los mexicanos. Las empresas del gobierno, que habían sido botín de los políticos, se remataron entre el selecto grupo de amigos empresarios (Teléfonos de México es un caso representativo de esas medidas). Se realizaron muchas reformas, para el campo, para la economía, para las iglesias, todas para el bien de los mexicanos y se nos anunció que nos preparáramos, pues dejaríamos de ser un país del tercer mundo para ingresar al primer mundo. Se firmó un tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá y nos dispusimos a hacer grandes y jugosos negocios. Como signo de que el nuevo rey era el adalid de todos los mexicanos, se institucionalizó el concepto que había surgido de la sociedad civil: Solidaridad se convirtió en el programa del presidente mediante el cual regalaba dinero, despensas, agua y drenaje, luz, desayunos. Los medios nos llenaban de comerciales y los corifeos pedían a los mexicanos que, cada que se tocara el himno nacional en la televisión, nos pusiéramos de pie y colocáramos la bandera nacional en nuestras casas y nuestros vehículos. Era el momento de la unidad nacional. Surgieron nuevos ricos (en la calle un ciudadano preguntaba si sabías cómo se decía Carlos Salinas en libanés y otro contestaba: Carlos Slim). 

La corrupción no tuvo límites. En su libro “¡Escuche, Carlos Salinas!”, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa documentó algunos ejemplos de la corrupción del sistema político priista. Entre otros, menciona el gran negocio del hermano incómodo del presidente con la compra y venta de maíz en Conasupo. El mecanismo era simple: un camión cargado de toneladas de maíz descargaba el producto y cobraba a precio de garantía. Por la puerta de salida, otro camión compraba esas toneladas de maíz a precio subsidiado (es decir a menor costo). Luego este camión daba la vuelta a la manzana y volvía a entrar a la bodega para vender el maíz, para volver a comprarlo. Para evitarse la fatiga, el camión que entraba ya ni siquiera bajaba su carga. Por una puerta entraba como vendedor y salía por otra como comprador. Para hacer aún más fácil el negocio, al final los movimientos de entrada y salida de maíz se hicieron sólo en papel. El país terminó quebrado al finalizar el sexenio y el nuevo presidente (Ernesto Zedillo) pidió el apoyo del presidente de Estados Unidos para rescatar al país. Nunca sabremos cuales fueron las condiciones. Lo cierto es que la deuda siguió creciendo al ritmo de las fortunas de los políticos y su núcleo de empresarios consentidos. Luego de los fondos nacionales se rescató a los recién estrenados banqueros (Fobaproa). Todo por el bien de los mexicanos a quienes, para variar, se les pidió apretarse el cinturón.

El mismo sistema político priista diseñó su salida y recambio, facilitando la llegada de “otro partido”, el PAN, cuyos dirigentes fueron los aliados incondicionales de Salinas y sus reformas, y aprovecharon para colocar a distinguidos empresarios en la política y en los cargos. Fue así como en el año 2000 elegimos a un empresario bonachón, dicharachero y ocurrente Vicente Fox); un rancherote patán y mal hablado. Nuestro ‘Trump a la mexicana’, seguido de otro panista de cepa que decía tener “las manos limpias”. Estos gobiernos panistas mantuvieron la esencia del sistema e inyectaron vigor a los grupos priistas. Los hijos de ‘La Familia Presidencial’ hicieron grandes negocios y Calderón despilfarró los excedentes petroleros y desató una guerra que deja miles de muertos cada año.

Es sólo una ojeada rápida al sistema político donde los ciclos se repiten. La corrupción con Enrique Peña ha llegado a las nubes. Javier Duarte es sólo un ejemplo y el chivo expiatorio del sexenio, como lo fueron Díaz Serrano, “La Quina”, Raúl Salinas o Elba Esther Gordillo. Los grandes negocios y la corrupción permean todos los niveles, desde el primer círculo del poder hasta el último peldaño. La convocatoria a la unidad nacional y a poner, otra vez, banderitas y cantar el himno nacional, es la intentona del poder para desvirtuar el descontento social y la urgente necesidad de llevar a cabo acciones que paren en seco, no sólo al bocón norteamericano, sino, sobre todo, al sistema causante del desastre nacional y a la pandilla de politicastros que lo encabezan. Pues mientras ellos se embolsan bonos, sueldos de primer mundo, prestaciones y “moches” en obras, piden al pueblo que se ajuste el cinturón y soporte con gallardía y nacionalismo, los nefastos efectos de las reformas, pues todo es por el bien de los mexicanos. Eso dicen. ¿Usted les cree? Yo tampoco.
El descreído
Juan Bautista Mendoza
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lunes, 16 de enero de 2017

La Columna Incómoda

Precampañas; El prólogo:

Hola mis gasolineados, gaseados y electrizados ciudadanos de Chicoloapan, les deseo año 2017. Y digo sólo año porque sería ruin si le agrego el adjetivo de “feliz”. La cosa es que ya pueden estar contentísimos por las medidas (¿o desmedidas?) acciones que están tomando los gobernantes, todo por el bienestar de nuestras familias. Y si no pregunten a los representantes en Chicoloapan. Ellos les dirán que todo se está haciendo por su bien y que mientras descansaban en paraísos turísticos V.I.P. con sus bonos, aguinaldos y recompensas, seguían pensando en ustedes. No crean que son ingratos y olvidadizos, pues ya viene la elección de gobernador en el Edomex y estarán pidiendo el voto para que el tricolor se mantenga por los siglos de los siglos. Y se toparán con unos ciudadanos felices y contentos, cansados, sí, pero de tanto patinaje en hielo y de recibir sonrisas de los reyes magos y Santa Claus.

El 23 de enero inician las precampañas para que los partidos placeen a sus aspirantes durante una cuarentena. De ahí saldrá su candidato, que luego de los trámites y procedimientos buscará el triunfo el domingo 4 de junio. El rival a vencer, como se sabe es el PRI. El partido de Eruviel Ávila, de Peña Nieto, de Montiel, de Duarte, de Moreira, del patrón, y de toda esa caterva de politicastros que sin impudicia se han adueñado del poder y los presupuestos de los mexicanos, mexiquenses y chicoloapenses. O sea que cualquiera que resulte ser el ungido tricolor, llegará con el objetivo de mantener y conservar los privilegios de unos cuantos.

¿Quién será el (la) audaz que le pondrá el cascabel al gato? Pues no están dormidos. Ya echaron a andar la marea roja que incluye, como parte sustantiva, la dispersión del voto, pues por más que el PAN afirme que sólo juntos le pueden ganar al PRI, sabemos que hay en el Estado de México más de 10 emblemas partidistas que sumados a los candidotes “independientes”, se prestarán a la simulación de la competencia electoral. Ya sabemos que el PAN es cómplice incondicional del PRI y cuando uno cae, el otro lo levanta. Algunos dirigentes del PRD han sido involucrados en esa lógica de, si quieres mantenerte política y presupuestalmente,  súmate al pacto. Pero el resultado a ojos vistos es su caída libre en las preferencias electorales y el abandono del barco de sus figuras emblemáticas.

¿Entonces qué puede pasar en el Estado de México? La inercia y la estrategia de quienes controlan el aparato de poder en el país, es que se mantenga el PRI o, de complicarse las cosas por el descrédito de este partido entre los ciudadanos, empujar al PAN como escala para el 2018.

La otra opción sería un gobierno de izquierda. ¿Pero a estas alturas se puede hablar de geometría política en el Estado de México? Están el PT, MC, PRD y Morena. Los dos primeros no representan una alternativa de poder; y como sucedió en otros estados, el PT ha buscado acercamientos con el poder para conservar su registro.

No hay nada nuevo bajo el sol (azteca).

Cuando en 1989 se fundó el PRD, encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, fue cuestionado por sus opositores por incluir dentro de sus filas a expriistas. Era inevitable, los pleitos son más álgidos cuando los contrincantes formaron parte de la misma familia. En ese entonces el PRD fue descalificado. Salinas intentó desaparecer y cooptar a sus dirigentes; impulsó la creación del PT, como partido de “izquierda” para restarle votos. En los medios  era señalado como partido violento, retrógrada, populista, un peligro para el país. Pasados los años el PRD entendió que había que ser una izquierda moderna, propositiva, negociadora y firmante de pactos, por el bien del país.

En años recientes, de una fractura del PRD surgió Morena, partido que ahora se asume como la opción de izquierda, que  lucha por las causas populares y busca una cuarta transformación en México (Las otras tres: La Independencia, la Reforma y la Revolución). Pero también Morena es ahora el partido destinatario de las descalificaciones, ya no sólo de la derecha, sino de sus ex correligionarios del PRD. Era inevitable, los pleitos son más álgidos cuando los contrincantes formaron parte de la misma familia. El dirigente nacional de Morena es denostado por violento, retrógrada, populista, un peligro para México.

Pero un partido va a ganar en junio de 2017 y gobernará el Estado de México por seis años. Ya no será fácil para el tricolor. Los resultados en las elecciones pasadas, acabaron con el mito del mal llamado ‘voto duro’. Los ciudadanos aceptarán los regalos y prebendas, porque saben que no son de los políticos, y porque hay necesidades. Pero cruzarán la boleta a favor de quién, a su consideración, pueda frenar en seco las corruptelas e impunidades de quienes se asumen como gobierno, pero que no hacen nada por el pueblo, más bien miran a los ciudadanos como fuente inagotable de saqueo de recursos y un potencial peligro para las comodidades de los políticos y sus familias.

Lo he dicho y lo repito. No veo a Morena y su líder nacional como semidioses. Pero reconozco que sí representa una alternativa diferente a todas esas pandillas de políticos que no tienen llenadero, y cuyo único propósito es mantener sus privilegios a costa de la miseria del pueblo. Si el PRI es derrotado en la guarida de Peña Nieto y Eruviel, estará a un paso de ser expulsado de Los Pinos.

Poco más de 121 mil electores podrán votar en las casillas que se instalarán el municipio de Chicoloapan el cercano 4 de junio, de los cuales, 37 mil son jóvenes menores de 30 años; 56 mil entre 30 y 50 años; y 28 mil ciudadanos de más de 50. En sus manos está la decisión, mis estimados y saqueados ciudadanos.

El desgaseado
Juan Bautista Mendoza

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martes, 10 de enero de 2017

Pastorela en el Colegio México


Hace unos días tuve la fortuna de presenciar la puesta en escena de una pastorela divertida, didáctica, jovial y muy actualizada, que se representó en las instalaciones del Colegio México de San Vicente Chicoloapan. Si bien se mantuvo la idea central de una pastorela (representación teatral del nacimiento del Niño Jesús y sus complicaciones líricas del bieny del mal), el director, guionista, coordinador y “mil usos”, Efrén Buendía Campa, hizo una adaptación “nacional”, por lo que el nacimiento fue en Ciudad Juárez, con personajes como Tatiana, Juan Gabriel, Andrés Manuel López Obrador, ‘Agallón Mafafas’, los viejitos de Michoacán, hasta el copetón Donald Trump y su muro. Todo ambientado con el sonido de un exalumno del colegio: Furia Musical de los Hermanos Retana.

Crónica General:: Una niña dialoga con Dios y como Belén le queda muy lejos le pide que “el niñito Jesús nazca en México. Quiero verlo, abrazarlo, acariciarlo…Dios le contesta: Pero si cambiamos su lugar de nacimiento, muchos van a querer que nazca en su país. La niña: Pues que empiece en México…”

¿Qué decisión habrá tomado Dios?

Para leer la Crónica general ver La Gaceta de Chicoloapan

viernes, 6 de enero de 2017

Relatos desde Regina VII



María 
Por Roxana Martínez Huerta

Nuestro personaje es una mujer cuya vida estuvo marcada por la desgracia, igual que sucede con los millones de mujeres anónimas que habitan los barrios y vecindades pobres de la Ciudad de México. María, que así se llamaba esta mujer, vivía con su hombre y sus hijos en Motolinía. Y no es que tuvieran una situación económica holgada que les permitiera habitar en una de las calles emblemáticas del centro de la ciudad, sino que el marido era conserje y elevadorista de un antiguo edificio de oficinas de varios pisos ubicado en esa calle, posición que aprovechó para “adueñarse” del sótano, donde improvisó cocina, baño y recámara y allí amontonó a su familia.
El sueldo del marido era tan bajo que no alcanzaba para cubrir las necesidades de la pareja y sus seis vástagos, cinco varones y una niña. Por esa razón María tomó la decisión de ponerse a vender billetes de lotería en la esquina de Arcos de Belén y Balderas. Se hacía acompañar de Pancho, su hijo mayor, un niño excepcional, quien a pesar de contar con sólo doce años de edad, se distinguía del resto de sus hermanos por ser listo y muy trabajador. Tenía ángel y vendía en un rato lo que a ella le llevaba días enteros. Varios de sus clientes en la calle y algunos abogados de los despachos del edificio, que habían ganado premios, buscaban al muchacho para darle sus buenas propinas, que de inmediato entregaba a su madre.
Pero así como María se esmeraba en limpiar pisos y escaleras del edificio, hacer los quehaceres de la casa, llevar a los niños a la escuela y salir corriendo a vender sus billetes de lotería, sin tener un solo día de descanso, su marido por su parte, cuya actividad se reducía a manejar el elevador, era flojo e indolente y, lo peor, abusivo con su mujer y con los niños. Por eso, mientras estaban en la calle madre e hijo eran felices, pero al llegar a la covacha, como ella le decía a su casa, empezaban las discusiones y los pleitos con el marido. Éste le reclamaba su ausencia en la casa, y ella le preguntaba de qué vivirían si no salía a vender. Total que el matrimonio se llevaba muy mal.
Esa vida de perros y gatos tuvo un final inesperado. Cierta mañana María recibió un telegrama procedente del pueblo de El Oro, en el Estado de México. Era de su hermana. Le avisaba que su madre se estaba muriendo, y si quería encontrarla aún con vida debía acudir de inmediato. María, muy mortificada, metió algo de ropa en una bolsa, encargó a Pancho la casa y los billetes de lotería y salió muy apurada.
Ya pardeaba la tarde cuando llegó al pueblo. Serían como las siete. Todavía la separaban varios kilómetros hasta la ranchería donde vivían sus padres. El camino era de terracería y a esa hora no entraban autobuses, ni tampoco traía dinero para un taxi, así que emprendió la caminata. Agradeció que fuera de noche pues de día el sol caía inclemente sobre el camino árido y terregoso.
Anduvo más de dos horas por una brecha desierta. Le faltaba casi una hora para llegar cuando un ruido de pisadas la sacó de sus pensamientos. Un desconocido corría detrás de ella. Asustada y presintiendo algo malo aceleró el paso, pero sus piernas y sus fuerzas no pudieron más que las del hombre, quien pronto le dio alcance. La tomó del pelo y de un brutal jalón la tiró al piso y se encaramó sobre ella. Era un hombre joven que traía la cara cubierta con un paliacate y un cuchillo en la mano. María forcejeaba intentando quitarse al tipo de encima pero él le puso el arma en la garganta. La mujer le suplicó que no la matara, que la dejara ir a ver a su madre que estaba agonizando. El energúmeno ni siquiera la escuchó. Con la mano libre le subió la falda y le desgarró la ropa interior. La violó con tal saña que le amorató las piernas. Estaba como enloquecido. De un cabezazo le tiró varios dientes. Al final se largó amenazándola de muerte si lo denunciaba.
María quedó ahí tirada un largo rato. Era noche cerrada cuando, adolorida y llorando, prosiguió su camino. Al llegar a la casa de su madre, su familia se espantó al ver el estado en que venía. Les dijo que la asaltaron en el camino y que la habían golpeado. Su hermana como pudo la limpió y curó sus heridas. Ya más tranquila le dio el adiós a su madre quien murió esa madrugada.
Después del sepelio se quedó unos días en el pueblo para el novenario y para recuperar su salud física. Luego regresó a su casa. Dos meses después se dio cuenta que estaba embarazada. Obviamente no de su marido, pues hacía dos o tres años que no tenían relaciones. El hombre cohabitaba con otra mujer con quien tenía dos hijos.
María decidió abortar el producto de la violación. Fue en busca de la ayuda de un médico, pero el doctor no le creyó. La echó de su consultorio argumentando que si hubiera levantado un acta en la que constara la violación, quizá se podía hacer algo, pero ahora era imposible. No se dio por vencida y fue con una doctora que le recomendó una conocida. Fue inútil. Tampoco ésta quiso ayudarla y sólo le aconsejó que tuviera al niño y lo hiciera pasar como hijo del matrimonio. María salió desconsolada. Sabía que en cuanto se le notara el embarazo el marido la echaría de la casa.
Se fajó el vientre y empezó a hacer un pequeño ahorro. La preocupación le impedía conciliar el sueño. Pasaba los días fumando y tomando sólo agua para no engordar. El pelo se empezó a caer por montones, hasta que se quedó completamente calva. Para salir a la calle sin que la vieran como a un fenómeno, se cubría la cabeza con una pañoleta. Su salud se deterioró de tal forma que parecía un cadáver caminando. Por fin un día el marido se dio cuenta de su estado y la sacó a patadas. La insultó y la tachó de infiel y asquerosa. Le dijo que se largara a terminar de prostituirse.
Sintiéndose derrotada ya no quiso dar explicaciones. Tomó a sus hijos y salió con ellos, menos Pancho, pues el infame marido le impidió llevárselo ya que también para él era su brazo derecho. Dejó a los niños en un jardín mientras buscaba un cuarto desocupado. Encontró un cuartucho en una horrible vecindad, de esas que tenían baño colectivo para todos los inquilinos. Aparentemente siguió con su rutina, pero se sentía muerta en vida, sin el apoyo moral de su Pancho y en espera del hijo de su violador, el cual parió en su casa auxiliada por la portera de la vecindad. El dinero ahorrado se acabó, y recién parida no podía salir a trabajar. Ramón, su segundo hijo, se dedicó a pedir limosna en la calle hasta que ella se recuperó. En el lapso de un año se cambiaron tres veces de casa. Con tantos hijos la echaban de todas partes. Para no dejarlos solos mucho tiempo, decidió vender quesadillas en la puerta de la vecindad. Pero su destino ya estaba maldito. En un descuido el hijo de su casera se tropezó y se fue de bruces sobre el comal con aceite hirviendo y se quemó la cara. María fue lanzada con sus chivas a la calle.
Acabó en un cuartucho dentro de un sucio departamento habitado por otra familia. Las condiciones de hacinamiento eran infrahumanas. Un día que se encontraba sola con el marido de su vecina, éste la embriagó y la abusó sexualmente. María no dijo nada, ni tenía a dónde ir ni quería arrastrar a los niños a un lugar peor. Tomó una decisión. Se armó de valor. Fue a la tlapalería y compró varios gramos de estricnina. Regresó a la vivienda, puso a hervir un té de hojas y disolvió pacientemente el veneno en la infusión. Luego llamó a sus hijos y a cada uno le dio una taza con té. Los obedientes niños bebieron el mortífero brebaje. María vio cómo sus cinco hijos se morían uno por uno.  Cuando se cercioró que ya ninguno respiraba, tomó con calma la ración que había reservado para ella, sintiendo como, lentamente, llegaba a su cuerpo y a su alma el descanso anhelado para su desgraciada vida.

Tomado de la Sección Mujer de La Gaceta de Chicoloapan